Iba de camino a mi carruaje, allí me esperaba un chófer joven y guapo, con mi maleta, para marcharme de viaje. De repente, él joven se convirtió en un demonio y empezó a lanzarme llamas azules. Una acertó en mi collar, provocándome un fuerte dolor en mi pecho, entonces fue cuando lo sentí. Él collar comenzó a producir humo y desprendía calor. Elevándose en él aire se convirtió en una espada gigante... ¡Era excalibur! ¡Cuantas leyendas había oído de ella! Pero hasta ese día, en él momento que la clavé en él corazón del demonio, no supe que era real... Era la poseedora de la mejor espada jamás vista sobre la faz de la tierra.